jueves, 6 de junio de 2013

Quince días para olvidar


Quince días. Tenía quince escasos días para olvidarte a partir de aquél. Volvería a estar cerca y la locura podría establecerse eterna si seguía pensándote así, o lo que es peor, podrías decidir girar tu cuadrada cabeza hacia mí y querer en algún momento establecer contacto visual. No, me negaba a eso, no lo merecía. Tenía quince días. Después de la decisión drástica de dejar de sonreír, todo se había vuelto más plano, más fácil, mejor. Ya no te colabas en cada pensamiento, pero la victoria aún no era mía. Debía conseguirlo en tan sólo un par de semanas. De algún libro saqué que bastaban 21 días para imponer un nuevo hábito, para retirar de esta manera el antiguo. De ahí el dicho: un clavo saca a otro clavo... bastaban 21 días pensando en otra cosa, para dejar de pensar en ti. Pero no, yo sólo tenía quince, quince míseros días. Pensé en enamorarme loca y perdidamente de cualquiera, tener un sexo extremo y no volver a mirar atrás, pero eso... se tornaba difícil en este huracán de maletas, ecuaciones y versos... o quizá más bien es que no estaba dispuesta a ello, no quería. Supongo que era hora de que muriesen por mí. Pensé en el chico de la Plaza de Maggio, ¿por qué no? Quince días, lo justo para huir. Pero era una postura egoísta, se volvería loco, yo lo sabía, y la dosis de locura era tan extrema en ese preciso instante, durante esa maravillosa tempestad... que preferí detener el mar en calma y buscar una nueva solución...
Hoy, un año después quisiera saber si algún día la encontraré.

Patricia Moreno Luna

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